miércoles, 29 de octubre de 2008

A 25 AÑOS: DEMOCRACIA MAS DEMOCRATICA




Hoy 30 de Octubre se cumplen 25 años de la recuperaciòn democràtica posterior a la traumàtica Ultima Dictadura Militar. Es todo un dato, que éste sea el mayor tiempo de legalidad de todo nuestro sistema democrático moderno, es decir, el mayor tiempo pasado sin que una interrupción constitucional se produjera. De allí, su valoración. Pero tambièn, de allì, la necesidad de revisar mas a fondo lo sucedido.

La instauración de esta democracia recuperada no tuvo como resultado-en todo este tiempo-un crecimiento económico integrado, ni distribución equitativa de riquezas, convirtiendose en los hechos, en una democracia formal, insuficiente para garantizar las demandas civiles, sociales, económicas y políticas de la ciudadanìa.

De este modo, durante estos ùltimos 25 años, las disparidades sociales han crecido y por lo tanto, el ejercicio pleno de la ciudadanía se haya vulnerado, de la mano de las mas profundas desigualdades que aún subsisten en nuestro tejido social.
Podemos decir que las desigualdades sociales, mutaron en desigualdades políticas y una ciudadanía empequeñecida en sus potencialidades, constituye su consecuencia mas visible.

La democratización político-institucional-electoral no guardó la relación necesaria y esperable con la democratización en el terreno económico y social y por eso en estas últimas décadas-especialmente la del 90- hemos sido espectadores de una reducción de la democracia, de su mínima expresión, de su identificación solamente con la democracia liberal y representativa, proceso de vaciamiento ideológico que no ha permitido su profundización: democracia directa y mayores niveles de participación real en las decisiones por parte de todos los ciudadanos.

Nelson Mandela, en su paso hace unos años por la Argentina, desgranó una frase contundente: “Si la democracia no resuelve los problemas de la gente, es una cáscara vacía”.
Pero tambièn nuestra historia de interrupciones dictatoriales, nos ha hecho valorarla profundamente, aún con las limitaciones señaladas. De esta forma, en Argentina existe un elevado nivel de compromiso con el sistema democrático, identificado como el mejor tipo de gobierno posible, aunque al mismo tiempo-casi paradojalmente-también aquí se plantea un elevado nivel de insatisfacción con su funcionamiento efectivo. En otras palabras, la democracia entre nosotros ha ganado legitimidad, pero carece de eficacia ante los ojos de la gente.

Estas insatisfacciones trocaron en sentimientos de indiferencia, desilusión, descrédito, apatía política, crisis de los partidos , resistencia a la carga pública, desconfianza en las instituciones parlamentarias y la dirigencia polìtica en general. Los últimos años, parecen mejores en cuanto a revertir esta tendencia, pero aún hay mucho por hacer.

Por otra parte, durante estos 25 años, la democracia conseguida “bendijo” las políticas de ajuste aplicadas durante mucho tiempo, consolidó a grandes grupos económicos nacionales y extranjeros y construyó un “paisaje social” de ricos cada vez mas ricos por un lado y “nuevos pobres” que se sumaron a los pobres históricos por el otro. Marginaciòn. Exclusión.

¿Cómo no comprender la crisis de representatividad de los partidos políticos, su fragmentación y en algunos casos su implosión por impotencia? ¿Qué tipo de sistema democrático hemos construido en un contexto de vigencia formal de los derechos constitucionales y ausencia real de las condiciones económicas y sociales para alcanzarlos en el terreno concreto? ¿Cómo mantener eternamente un orden basado solo en una democracia formal, cuando la aún creciente desigualdad nos distancia de la democracia social? Y finalmente, la pregunta màs compleja: ¿Cuánta desigualdad puede admitir un sistema de democracia formal?

Por eso, la fecha conmemorativa, mas allá de los discursos grandilocuentes que se escuchen, y de las fiestas en su honor, debe ser concebida, como un momento de balance comprensivo que presagie un futuro mejor. Nos encontramos ante el desafìo de pensar creativamente las articulaciones posibles entre lo conseguido y lo que necesariamente debe venir, una democracia mas “democrática”, entendiendo por esto último mejores gobiernos para edificar sociedades mas autónomas, emancipadas, cohesionadas y felices.

Desde Tocqueville hasta ahora, el problema sigue siendo el mismo, pero se potencia en la Argentina: la democracia es incompatible con la injusticia social y la pobreza. Sería ingenuo, creer que solo la convocatoria a elecciones y el clientelismo electoral, resulta suficiente para garantizar estabilidad política, desarrollo económico e integración social.

A 25 años, alegría por supuesto y al mismo tiempo, con la misma intensidad, la suficiente visión crítica para poder cambiar, ya que solo celebración sería escasez peligrosa e inocencia preocupante.

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