miércoles, 22 de octubre de 2008

LA ANGUSTIA Y LA HONDA







La honda de goma de tractor era mejor que la de càmara de auto. Y la mejor de todas era la colorada, esa era dúctil y poderosa al mismo tiempo. Con un tiròn suave se lograba una potencia suprema. Equilibrio…

Al costado, un tachito atado con hilo fuerte o una bolsa terciada, oficiaba de reservorio de “municiones”. No hacìa falta màs para una tarde de diversión. Ir de caza era una concepción amplia de las actividades emprendidas junto a los amigos; su significado era abarcador: desde torcazas a gorriones, desde gaviotas mansas hasta sapos desprevenidos que asomaban el “hocico” en el desague. El mismo que hoy tenemos, el que deriva sus aguas en la olla.

La salida era pautada. Terminada la escuela, la leche con pan y manteca y después a las 17,30 horas, el encuentro con los otros aventureros, todos con su gomera lista. Estaban los que preferìan los pedregullos grandes (para tener mas chances), los habìa exquisitos de la punterìa y esos juntaban las piedras pequeñas , de aristas redondeadas; los habìa suertudos que conseguìan-vaya a saber donde-canto rodado de color variado y los habìa acomodados, con remaches de acero redondo, tornillos cortados a medida y tuercas en desuso.

Tambièn los habìa “kamikazes”, que robaban a fuerza de tenaza la cabeza de plomo de los clavos de techo en las casas mas antiguas (imperdonable).

Una vez juntos, la falange se ponìa en movimiento y las pocas cuadras que separaban del mundo màgico del desague se cubrian entre tàcticas y estrategias para lograr la mejor cacerìa, que finalizaba cuando se terminaban los balines.

Hoy he visto en un diario de tirada regional, en formato "papel", el gran Parque Verde con complejo Hotelero que se construirà en aquel terreno de caza y me “pegò” la nostalgia. No pude sino recordar esos años, de parrillas improvisadas para asar una paloma abatida o la punterìa refinada, casi provocadora, humillante, del petizo mas petizo del grupo.

Vì en forma de maqueta la obra futura y me provocò angustia. No porque estè en contra del progreso-tan necesario en nuestro pueblo devaluado-sino porque tal vez sòlo sea un anuncio "virtual", un acontecimiento mediàtico, una esperanza no materializada.

Pero que quede claro, seguro son locuras mìas. La angustia no es porque la obra se haga, sino porque dejè de ser pibe y ya no tiro con la honda.

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