martes, 20 de enero de 2009

LA CALESITA VACIA




Desde donde estoy sentado, en una computadora, frente a una plaza, veo una Celesita. Son las 12 del dìa, hace mucho calor y ese mundo giratorio no tiene sombra cercana. Me llama la atención que estè girando, porque no hay niños. Hace demasiado calor, para que ningún padre arriesgue.
Agudizo la vista y veo a alguien, es un tipo grande, lleva una franela colgada a la cintura y un trapo en la mano (me lo imagino mojado). Estoy a 40 metros. El sol refleja en las piedras blancas desparramadas en el contorno, cuesta ver.

Pero sì, allì està, es el cuidador de la Calesita, que con tranco cansino “repasa” las figuras, que aparecen demasiado tiesas, sin vida y cerca de èl, girando en ese mundo propio, sin divertirse, solo limpiando, un muchacho jòven que parece competente; obedece las ordenes y es el encargado de “trapear” cuanto elemento el cuidador le señala.
Un bote, una tacita, varios caballos, un camion con acoplado, un pez. Nada mas. El comùn denominador es que giran “sin sentido”, solo el que el cuidador y su ayudante le estàn otorgando con su acto, casi burocràtico.

De pronto el pelado desaparece, una puertita “màgica” se abre en el centro, donde està “la màquina”, por donde se introduce el hombre (estarà mirando que estè todo en orden-pienso-la electricidad, el motor, los ajustes necesarios).
Pero la imàgen es casi patètica. La calesita gira “muerta”, aunque el “cuidador” procura revisar “arterias y venas” y limpiar “posibles heridas” y todo lo demàs que estè haciendo, la calesita sin vida no es nada. Una calesita sin chicos, no existe.

El cuidador es un tipo petiso, dirìa no mas de 1,65, calvo, de cara regordeta y donde el sol deja rapidamente la marca, està colorado (raro en alguien que debiera estar acostumbrado a estos menesteres).
Ahora sale otra vez del encierro, vuelve a lustrar caballitos y peces, parece satisfecho. Ese mundo que parece rodar pero que en realidad solo rota, ese mundo que parece trasladarse pero que en realidad està inmóvil, ese mundo que debiera estar lleno de vida y sin embargo està apagado, ese mundo que debiera ser alegre y que hoy, al mediodìa, con calor, lo veo profundamente triste.

Finalmente discurro hacia la vida misma. ¿Cuàntos “cuidadores de calesitas sin vida” habrà en el mundo? ¿Cuàntos “calesiteros” de la sociedad se esforzaràn por tener todo limpio y ordenado, pero que sin gente solo logran la “paz de los cementerios”? ¿Cuàntos guardianes polìticos, solo aceptaràn pueblos-calesitas vacìos, sin vida, sin sobresaltos, previsibles y controlables ? ¿Cuàntos custodios-funcionarios tendràn la orden de “pasar el trapo” y limpiar los juegos, para que todo parezca reluciente, pero sin la esencia que los justifica: el conflicto, la disputa, los distintos actores sociales, la democracia cotidiana?

Y reflexiono tambièn que no todo depende de ellos, que aunque (como este calesitero que veo ahora haciendo su trabajo) estèn mas còmodos “sin chicos”, la sociedad no debiera seguir inmóvil, sencillamente porque no somos una calesita vacìa , aunque algunos se esfuercen en tratarnos asì.
Debieran las comunidades, dejar de girar sin avanzar, debieran avanzar llenas de vida, debieran tener vida sin pedir permiso, debieran tomarse los permisos sin tener temores.
El problema es de espejo. Cuando el “patrullador” advierte el miedo, es cuando nos trata como caballitos de madera en la calesita, y de esa forma, solo se podrà esperar de èl, que nos sobe el lomo con una franela.

La calesita vacìa, la que tengo frente a mì, me asemeja al Tres Lomas de los ùltimos tiempos. Puedo ubicar sin problemas el nombre del cuidador, tambièn el del ayudante, puedo ubicar algunos sectores-caballitos, peces, camiones-del pueblo mismo, casi conformes con el papel que se les ha asignado.

Me deprime mi propia imàgen mental, pero de pronto, la calesita se detiene y un elemento nuevo cambia por completo mi mirada. Un papà jovencito con dos nenas habla con el “cuidador”. La calesita se estaciona . Las nenas suben. La mùsica comienza-creo que es la inefable Xuxa- y los giros se aceleran. Las chicas eligen dos caballitos que estàn a la par. Se rien, les veo los dientes desde lejos, hablan entre ellas-o gritan- no lo sè.
El papà necesita un pañuelo, las saluda en cada vuelta, una y mil veces.
El “cuidador” desaparece de escena y ahora sì la calesita tiene vida, ahora sì tiene otro sentido, ahora hay niños, ahora hay vida.

Que ningún “guardiàn” por prolijo y trabajador que parezca, nos prive del giro y avance de la vida, que nadie nos convierta en caballitos estàticos o peces que no nadan, que nuestra vida pueblerina no se reduzca a un "trapeado social" , que ninguno se atreva a “patrullar” las conciencias y las organizaciones.
Y si asì fuera, si asì se estuviera haciendo, que sepamos hablar entre nosotros, entendernos, “parar” a tiempo y poner nueva mùsica.
La nena mas grande se atreve y ante la provocación del ayudante con la sortija, arriesga, suelta una de las manos, estira la otra, inclina su cuerpecito y la atrapa. Es feliz.
¿Cuàl serà la sortija social y polìtica si nos animamos?

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