"EL BARRO DE LO QUE FUE Y EL FLUIDO DE LO QUE SERA"

Arturo Jauretche en su libro “La colonización pedagógica y otros ensayos” (Centro Editor de América Latina), capítulo 3: “La falsificación como política de la historia” sostiene:

Es frecuente el error de oponer la política realista a la política idealista, como una alternativa, y que el error proviene de confundir al político practicón con el realista, lo que es un absurdo, ya que el término realismo consiste en la correcta interpretación de la realidad y la realidad es un complejo que se compone de ideal y de cosas prácticas.


Así, el político realista es decir, sustancialmente el político, ni escapa al círculo de los hechos concretos por la tangente del sueño o de la imaginación, ni está tan atado al hecho concreto que se deja cerrar por el círculo de lo cotidiano al márgen del futuro y el pasado, diferenciándose bien del practicón que es un simple colector de votos o fuerzas naturales.


Para una política realista, la realidad está constituida de ayer y de mañana; de fines y de medios, de antecedentes y de consecuentes, de causas y concausas. Véase entonces la importancia de una histórica auténtica; sin ella no es posible el conocimiento del presente, y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro, porque el hecho cotidiano es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será…”

Hoy volví a releer algunos tìtulos de este libro y su vigencia es impresionante. Quizás porque aborda esa “sociología criolla” que tan bien nos define a través de su prosa, donde anida la sazón propia de un intelectual que utilizando pizcas justas de territorio conocido , cultura popular , zonceras de manuales y moralinas “en camiseta”, nos muestra despojados y por lo tanto, en muchas ocasiones, parecemos desnudos.


Cada afirmación del pequeño texto reproducido en este post, podría ser encarnada con actores sociales y políticos del presente y en esa actualidad radica su enorme valor para interpretar la realidad.
Leerlo constituye una doble tarea, por un lado, esa sensación de vulnerabilidad como Argentinos y por el otro, una gran invitación a “vestirnos” con el ropaje nacional. Don Arturo es intenso; golpea y ofrece al mismo tiempo , desnuda y abriga, pega y protege.
El es uno de los hombres que con mucha claridad hizo este pasaje, partiendo de un “empezar de nuevo” a conocer los problemas Argentinos, en plena década infame, tránsito que lo llevó a ser un hombre-nexo vital, entre los dos grandes movimientos de masas de la Argentina contemporánea: Yrigoyenismo y Peronismo.


Sus libros nos ayudan a recrear su pensamiento que insiste, tozudamente, en hablarnos del presente, de hoy y de mañana, con tal peso en sus palabras, que el solo leerlas aclara conciencias , haciendolo siempre desde “la orilla de la ciencia”, desde “el estaño”, sin apartarse nunca, de un "modo nacional de ver las cosas”.
Don Arturo lejos está de despedirse.

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