
El pibe esperaba que lo vinieran a buscar, era el último en la escuela de campo. Charlaba con la docente en una mezcla de su vida personal, del trabajo familiar y por supuesto de la falta de lluvia.
-¿Tomamos unos mates?, dijo ella e inmediatamente el pibe se dirigió a la cocinita a preparar unos amargos. El papá había avisado por celular que el auto no arrancaba y que estaba esperando al patrón para que “lo tirara” porque estaba flojo de batería.
-¿Tomamos unos mates?, dijo ella e inmediatamente el pibe se dirigió a la cocinita a preparar unos amargos. El papá había avisado por celular que el auto no arrancaba y que estaba esperando al patrón para que “lo tirara” porque estaba flojo de batería.
La maestra veterana no pudo dejar de pensar en la familia, había tenido a todos sus hermanos de alumnos y este era el último, estaba en 6to y prácticamente terminando el año.
Con el mate en la mano, el pibe se tomó los dos primeros y recién cuando estuvo “amansado” le convidó a la señorita, espumoso y amargo, con yerba “La Tranquera”, su preferida.
Le comentó que habían renegado todo el invierno con la batería y que justo ahora que alumbraban los días mas cálidos se “plantó y no hay forma de hacerlo arrancar”.
-“Hasta a cincha de caballo lo hemos tirado cuando el patrón no llega…”
Corrió el tiempo de una media hora intimista y el diálogo estuvo bueno, ella le aconsejó seguir estudiando, no “porque sea obligatorio, sino para que puedas tener mas oportunidades”. El la escuchaba con la vista clavada en las hamacas del patio, casi como deseando usarlas para siempre, volver el tiempo atrás y columpiarse en aires menos peligrosos que los que inevitablemente presentía hacia el futuro.
-Ahí viene, dijo el pibe, aguzándo el oído. Es el Taunus de papá, pero lo maneja mamá, porque “el viejo no puede dejar el trabajo…no le gusta a los patrones”.
-Anda bárbaro le comentó a la señorita y en ese instante, el Taunus 2.300, rojo carmesí y de techo vinílico, cruzó la tranquera. Y agregó: “Lástima que gaste tanto….casi un litro por legua”
La señorita le prestó oídos a su comentario, mezcla de orgullo por el auto y de lamento por lo que gastaba, pero aún no había escuchado todo, eso vendría después del beso de despedida.
- Nosotros gastamos en combustible para que nos traigan a la escuela y para ir una vez por semana al pueblo, la mitad justa del sueldo de papá....gastamos $800.
Chau le dijo la maestra, la mamá saludo sin bajarse porque el “rojo” debía quedar en marcha y aceleró para llegar al puesto a tiempo.
- Nosotros gastamos en combustible para que nos traigan a la escuela y para ir una vez por semana al pueblo, la mitad justa del sueldo de papá....gastamos $800.
Chau le dijo la maestra, la mamá saludo sin bajarse porque el “rojo” debía quedar en marcha y aceleró para llegar al puesto a tiempo.
Las hamacas se quedaron solas y el pibe las relojeó una vez más…para no olvidarlas o para extrañarlas, quien sabe.
Comentarios
¿Leíste el post? ¿Estás en otra no?
Que agresivos...Todos...
Que mal estamos.
Muy bueno el post.