miércoles, 7 de abril de 2010

"PASIVOS EN LA TRISTEZA, INMOVILES EN LA HISTORIA"



















Comparto con ustedes, una nota escrita por Mateo Compagnucci, jóven treslomense, estudiante de Sociología en la Ciudad de La Plata, militante por los Derechos Humanos en la Comisión por la Memoria y en el Movimiento Independiente por los Derechos Humanos de Tres Lomas.


Las reflexiones de Mateo permiten, al mismo tiempo , articular la lucha por la verdad sobre los crímenes de la última dictadura cívico-militar, con los procesos actuales de defensa por los derechos humanos, las tareas pendientes aún en democracia.


Dice Mateo lo siguiente:


"Como militante por los derechos humanos desde mis 17 años en el MIDDHHTL, no puedo dejar de sentir un fuerte impacto con la noticia sobre Hugo Medrano... Incluso, me sorprende la inocencia de mi actitud, al no saber como reaccionar. La contradicción interna entre la tristeza por la perdida de su vida; y la celebración del hecho extraordinario de haberlo encontrado, de haberle devuelto su identidad.


Al intentar comprender la noticia de Hugo y el sentimiento que ella me genera, me surgen varios interrogantes, varias preguntas que se me hace difícil y complejo responder, y que algunas de ellas incluso, no logro entender todavía... Supongo que debe ser como un duelo que por fin termina.

Entiendo, como dijo Marta –su hermana-, que Hugo “dejó de ser un desaparecido para ser un asesinado, y quienes lo secuestraron, son clara e irrefutablemente CRIMINALES”. Pero hay que aclarar y subrayar, que sólo fue posible llegar a este momento extraordinario de haberle devuelto la identidad a Hugo; porque sus restos fueron buscados, encontrados, identificados y devueltos a sus familiares para que por fin puedan hacer su duelo.

Hubo mucha lucha y resistencia detrás de este hecho, mucho dolor y mucha fuerza de parte de la familia, de amigos y compañeros, de los organismos de Derechos Humanos; que podemos representar en una acción colectiva que permaneció y resistió durante 34 años.

Sin embargo, hay que seguir caminando en busca de verdad y justicia para los responsables de éste y de todos los crímenes de lesa humanidad que son parte de un mismo “sistema de represión” que fue conducido por el Estado desde 1976 hasta 1983, y el cual fue apoyado intelectualmente y materialmente por distintos sectores de la sociedad civil, quienes también deben ser juzgados.

Por otra parte, y más allá de su complejidad y mis contradicciones, siento espontáneamente -al pensar en Hugo- sobre todo tristeza, emoción, ganas de llorar por la perdida de esos compañeros, de esas vidas. Pero, también siento que en esas lágrimas no me puedo quedar, las tengo que transformar para darles identidad, no quiero que sean lágrimas vacías, o que simplemente caigan por una ausencia; son lágrimas de sangre que están marcadas en la historia de cada argentino; son lágrimas que tienen que llenarse de contenido para que no sean vacías, ni vaciadas por los que llaman al silencio o la impunidad. Siento que es necesario, y que debemos –todos- llenar de contenido esas lágrimas tristes, transformarlas en fuerza, en energía para lograr concretar esos ideales.


Si nosotros, nos quedamos solo en las lágrimas, pasivos en la tristeza, inmóviles en la historia, vamos a morir también; pero de a poco, nos esclavizaran al silencio, a la impunidad y a la a-historicidad de nuestras vidas... En fin, nos quedaremos sin identidad, y no seremos nada, perderemos nuestra condición de seres humanos. No podemos olvidar, no podemos dejar de tener memoria, no podemos!

Otro sentimiento que brota desde mí, al pensar en Hugo y Carlos, en los compañeros, es aquel que viene desde lo más profundo de uno: un sentimiento de amor, un sentimiento de compañía y de solidaridad. Siento que Ellos ayer levantaron las banderas que hoy debemos recoger Nosotros, actualizando las consignas mirando el presente y proyectándonos a futuro.

La Memoria como aprendizaje, para comprender a los actores y a sus relaciones de poder, para entender los procesos históricos, para generar el desarrollo de una conciencia crítica, de una conciencia colectiva que represente e integre a la voluntad del pueblo. Sin pasado no hay presente, y sin ambos no puede existir el futuro.

El tiempo se repite circularmente -idea de Nietzsche-, pero de formas y estéticas diferentes; el poder sigue ahí y ya demostró que no tiene problemas para derramar sangre y despojar de identidad al ser humano, por lo tanto, a la historia misma.
Entiendo que somos Nosotros los que hacemos y transformamos la historia, que está en nuestra condición de seres humanos la posibilidad de acción y reflexión, o sea, de transformar y comprender la realidad. Pero si no hay hoy, compromiso activo y responsable por parte del pueblo, no puede haber un mañana digno y con paz.

Pero quiero aclarar... no somos los jóvenes quienes vamos a sacar al país adelante, -no nos carguen esa mochila tan pesada y háganse cargo se sus “malas” decisiones-, son las distintas generaciones, que unidas y relacionadas entre si tienen ese desafío... Pero es cuestión –nada simple- de entender que existe un desafío, por lo tanto un problema; y que no se soluciona ni de la play ni del sillón.

Me siento identificado con Hugo y con Carlos, y considero que mis compañeros colectiveros -¡por eso son mis compañeros!-, también sienten ese mismo AMOR POR LA HUMANIDAD. Porque es amor lo que estuvo y está detrás de los ideales de ellos y de nosotros, es el amor hacia el otro la guía de nuestros proyectos y de nuestra lucha!


Para despedirme cito una frase de Arturo Jauretche: “El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza."
Hoy la familia, y también nosotros, encontramos una pieza más de nuestra identidad. Y que sólo fue posible porque hubo gente organizada que no bajo los brazos nunca!"

"Mateo Compagnucci –integrante del Colectivo-"