

La historia siempre es mas compleja y su motor
ha sido siempre el conflicto y las tensiones.
Por eso me alegr贸 que se destacara el “viejo
buz貌n” de los treslomenses, el que est脿 a media cuadra de donde me cri猫.
“Puesta en valor” le dicen ahora, frase que jam谩s
me cay贸 bien. Es como “calidad de vida”. Me suenan a mercado, a empresa
privada, a marketing. Me gusta otro lenguaje.
Nada se “pone en valor”, las cosas simplemente “valen”
que no es lo mismo que tener un precio.
Y el buz贸n val铆a por su representaci贸n de otros
tiempos, que en estos mas fren猫ticos de facebook parecen casi antag贸nicos: el
buz贸n donde se esperaban muchos d铆as por la respuesta a la carta enviada y la
contestaci贸n al toque que las redes sociales nos permiten hoy con escaso tiempo
para razonar la respuesta. La ant铆tesis, el buz贸n era la esperanza en forma de
sobre y era la espera de la contestaci贸n necesaria. En el medio, el tiempo hac铆a su parte. Hoy no.
Y las cosas se apresuran, casi violentadas por
la necesidad de “poner en valor” lo que ya vale, aunque hay detalles que se
escapan y que no debieramos dejar de conocer y destacar.
Son los detalles del conflicto que estaban
presentes en el mismo buz贸n, al mismo momento en que se mostraba la hermosa y
duradera obra que apoyo y estimo.
Si uno mira con atenci贸n al buz贸n, si se acerca
y lo interroga, comienza un di谩logo que puede enriquecernos.
Claro que dialogar con un objeto no es tan
simple, porque como los objetos no hablan…
Pero aunque no hablen, tienen un idioma, que
puede pasar casi desapercibido.
Pero hay que acercarse y verlo. Leerlo. Es
decir, para hablar con un objeto hist贸rico hay que conocer su idioma y dejar
fluir sus historias. Escucha atenta.
All矛, en uno de sus costados del buz贸n, dice
claramente VASENA.
Es la f谩brica donde se construy贸. Es industria
nacional. Y es una industria que se hizo famosa, all脿 por 1919 en pleno
gobierno de Don Hip贸lito Yrigoyen.
Los “Talleres Vasena” estaban en la Ciudad de Buenos Aires y
muchos de sus trabajadores eran los llamados “rusos”, mas concretamente,
desprevenidos inmigrantes judios de distintos pa铆ses de Europa, tan preocupados
de ganarse el mango y progresar como sus cong茅neres cristianos o ateos.
Fue en diciembre de 1918 cuando comenz貌 la gran
huelga en esos talleres de Pedro Vasena e Hijos. Una industria que hab矛a
sentido los rigores de la Primera Guerra
y que decidi貌 ajustar para “abajo”, es decir, bajar los costos de la mano de
obra. Pero he aqu铆 que el gobierno de Yrigoyen, se caracteriz贸 por intentar
jugar de arbitro, sin advertir que muchas veces lo hac铆a entre zorros y
gallinas y all铆 no hay referee que valga, siempre ser谩 el zorro el triunfador.
Lo mismo sucedi贸 aqu铆, un temor instalado por la Primera Revoluci贸n
Comunista del mundo, la Revoluci贸n Rusa ,
lanz贸 a las clases dominantes a una caza de brujas que escond铆a en el fondo lo
mismo de siempre: plata para pocos bolsillos, miseria para los trabajadores. Vasena
quer铆a ajustar y que pagaran los trabajadores.
Ese buz贸n que pusimos en “valor”, vale esta
historia, fue construido por esos laburantes, que en lugar de achicarse y
aceptar el ajuste, redoblaban la apuesta y ped铆an mejores condiciones en la
jornada de trabajo, en la higiene laboral y por supuesto en los salarios.
La huelga fue fogoneada por los medios de
comunicaci贸n de entonces como una huelga “comunista” y los jud铆os que all铆
trabajaban se convirtieron en “rusos” para dejarlos pegados a la Revoluci贸n Rusa
de 1917 y sus actores principales: los bolcheviques.
La represi貌n no se hizo esperar, como mas tarde
tampoco lo hizo en los sucesos de la Patagonia Rebelde (lo trajimos a Osvaldo Bayer para recordar esos acontecimientos) o en la
represi贸n que el radicalismo permiti贸 en La Forestal , donde a la depredaci贸n de los hermosos 谩rboles
de quebracho se hermanaba la explotaci贸n hasta la muerte de los hacheros. Dos caras, la misma moneda.
Setecientos muertos y cuatro mil heridos fue el
saldo de esta Semana Tr谩gica de los
Talleres Vasena, alguno de los cuales, quien sabe, habr谩 construido el buz贸n
que hoy mostramos orgullosos en la remozada esquina.
Y no est谩 mal haberlo hecho, que no se confunda. Creo que constituye un
atisbo de rescatar elementos hist贸ricos que cobraban vida todos los d铆as en las
cartas que llegaban en tren y part铆an nuevamente en 茅l. Las habr铆a de todo
tipo: con buenas noticias, cartas de amor, invitaciones y tambi茅n cartas
tristes. El buz贸n hoy innecesario y el tren que a煤n no llega. Uno en su esquina maquillada, el otro, esperando que el proyecto nacional y popular lo vuelva al centro de la escena.
Y ese es nuestro buz贸n, el que dice VASENA, el que
nadie interrog贸 por ese lado, el que insiste-si le prestamos oreja- en contarnos esta otra historia, conflicto puro: la de un
gobierno Yrigoyenista que embarcado en esa campa帽a de miedo y odio al
comunismo y doblegado por las clases dominantes, aplast贸 sin contemplaciones la
huelga de los Talleres Vasena.
Yrigoyen le ofreci貌, en aquella Semana Tr谩gica
de Enero de 1919, a
toda la oligarqu铆a que hab铆a perdido el gobierno pero no el poder, las
marchitas flores del liberalismo, salvadas por 茅l, justo por 茅l, un hombre del
campo nacional, salvadas de los proletarios que pretend铆an derechos.
Despu茅s lleg贸 Per贸n.
Perdoname buz贸n, te hice hablar demasiado. Un
abrazo del pibe del barrio que a veces te tiraba con la honda.
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