domingo, 22 de marzo de 2015

NO SOLO PALABRAS



Y allí fueron los tres integrantes de la comisión hacia la capital de la Provincia de Buenos Aires , a expresarle al gobierno del cual emergería el Peronismo, su preocupación porque un "rico" (así lo llamaban ellos), compraría las 13.500 hectáreas dejando a todas las familias en la calle.

Eran lóbregos los desalojos en esa época, el terrateniente no intervenía, pero sí lo hacía el intermediario, don Francisco Zubillaga, que con diversas tretas non sanctas y muchas otras a los golpes (matones golpeadores cuyos apellidos aún comulgan en las misas de los sábados).

Justo Hernández, Manuel Vicente y Nemesio Alzogaray se presentaron en la dependencia correspondiente de la ciudad de La Plata  y pese a que explicaron que venían del interior de la provincia, de unos 600 km, no fueron atendidos. No obstante la insistencia, la audiencia no se produjo.

Y aquí comenzó a tallar la Federación Agraria Argentina ya que optaron por dirigirse a la ciudad de Buenos Aires y allí se presentaron en la sede central, donde fueron atendidos por el señor David Bril que se desempeñaba en ese tiempo como inspector zonal.

Ante él se despacharon y expusieron el motivo de su visita, sus temores, sus angustias, el miedo a ser desalojados si "La Grande del Sud" fuera vendida en forma particular, tal como indicaban todas las versiones en la zona.

Los dirigentes nacionales de la FAA, después de interiorizarse del tema, aconsejan que vuelvan a la ciudad de La Plata al día siguiente, que se les iba a gestionar la entrevista correspondiente. La cita era a las 8 de la mañana y esta sí se concretó.

Los colonos se sorprendieron por la buena respuesta: entonces se les explicó que la FAA mantenía fluídos contactos con esa dependencia de gobierno y que no necesitaba pedir audiencia, por eso habían logrado la entrevista que resultara fallida un día antes.

La comisión fue acompañada por el propio inspector zonal y allí se elaboró un expediente del problema, que pasó luego al ámbito del Consejo Agrario Nacional, donde la FAA también tenía dirigentes trabajando, entre ellos y muy reconocido, el ingeniero Julio A. Ferrarotti. Este junto al Dr Carlos Alberto Erro y el Secretario de Agricultura, tuvieron activa colaboración en la elaboración de la ley de colonización Nro 12.636.

Comenzaban así, con estos tres colonos arrendatarios de Tres Lomas, los primeros pasos de un proceso que terminaría por impedir la venta particular del lote y afincaría finalmente a 71 colonos a la tierra, convirtiendolos en propietarios.

La gestión de los colonos, junto a su organización gremial y el gobierno que entonces administraba el estado, juntos, hacían realidad la frase popular: "La tierra debe ser del que la trabaja".