jueves, 25 de febrero de 2016

EL CHICOTAZO QUE EMPUJA



La frase "Volverè y serè millones" que el Peronismo tomó como punta de flecha hacia el futuro luego de la muerte de Evita y que revitalizò en la proscripciòn de 18 años hasta la vuelta del viejo caudillo, en realidad es del jefe revolucionario aymara Túpac Katari, el mismo en el que se refleja Evo Morales desde su asunción a la presidencia a mediados de la primera década de este siglo XXI.

Inmenso paso el del dirigente sindical cocalero, galvanizar en un proyecto al pensamiento de izquierda nacional, al nacionalismo mas estructural boliviano y por fin, a los millones de nativos, pertenecientes a diferentes etnias pero que compartieron la exclusión histórica de diferentes gobiernos bolivianos.

Perdiò la posibilidad de ser reelecto en 2019, pero ha ganado demasiadas batallas desde la creaciòn del nuevo estado boliviano, el que ahora contiene como síntesis poderosa, la unión de los movimientos sociales por donde canalizaron históricamente sus demandas los pueblos nativos y su representación política en los distintos estamentos: fueron unas pocas alcaldías en el principio y desde allí, pero también desde el fondo de la historia Boliviana, Evo se posicionó para siempre.

Evo asumió dos veces en ese triunfo histórico  y fue criticado por el "órden establecido" de su país por eso. La fuerza simbòlica de la doble asunción se mantiene hoy intacta.

El primer acto fue el 21 de enero, un día antes de la asunción clásica en el Congreso. Llegó a las ruinas precolombinas de Tiwanaku, rodeado de los suyos, vestidos de fiesta pero como los suyos y allí en un acto propio de lo Incaico, recibió agua purificada y un bastón de mando diferente llamado báculo que lo convirtió en la máxima autoridad entre los indígenas andinos.

Al día siguiente, el 22 de enero fue al Congreso a Jurar y junto con García Linera que representaba a otro sector de la sociedad, mostraron al mundo el "gobierno de poncho y corbata" que encaraba una tarea compleja.

Pero vuelvo a su primer jura, ahí en las ruinas distribuidas geometricamente, al ruido de los "chicotes" unos làtigos ancestrales de donde viene nuestra palabra "chicotazo"., ahí, en el centro de una escena que tardó siglos en producirse, en una sociedad donde el 65 % reconoce pertenecer a uno de los grupos originarios, fundamentalmente quechuas y aymaras.

Abre del discurso: "Desde Tiwanaku empieza una nueva era para los pueblos del mundo, solo con la fuerza del pueblo vamos a acabar con el estado colonial y con el neoliberalismo y podremos doblarle la mano al imperio"

Y luego: "Les pido a los indígenas que me  controlen y, si no puedo avanzar lo suficiente, empújenme, estamos ante el triunfo de una revolución democrática y cultural"

Y despuès: "Pasamos de la resistencia a la toma del poder. Demostramos que se puede derrotar democráticamente los intereses externos, queremos seguir avanzando para liberar a Bolivia y América Latina. Vamos a seguir las luchas de Túpac Katari y las tareas que dejó el Che, las vamos a llevar adelante nosotros"

Pues así son las cosas. Ese comienzo, en ese paisaje, con ese pueblo y ese discurso que une las luchas de los pueblos originarios: Tùpac Amarù fue mas conocido por nosotros, pero la lucha es la misma. Y el Che que aparece entre ese cielo diàfano Boliviano.

Lo dijo Evo mismo: una revolución democrática y cultural, aún inconclusa, plena lucha, plena tarea.

Nada está perdido. Ni en Bolivia ni en Amèrica Latina toda.