miércoles, 17 de febrero de 2016

SUPERMERCADO DEL MUNDO



¡Cambiemos¡. Volver a ser el "supermercado del mundo" fue la frase que Macri eligió para congraciarse con el primer ministro italiano. Nada mas viejo que esa propuesta, la misma que la Generación del 80 tradujo en "granero del mundo" y de ahì en adelante, salvo los dos primeros gobiernos peronistas y luego por inercia lo que duró el estado de bienestar, siguió parecida, hasta llegar a la dictadura cívico militar del 76 y su "liberar a las fuerzas productivas" de Martinez de Hoz, un intento de volver al país pre-peronista que dejó sin resolver la contradicción, la misma que hoy surca la patria, la que los pragmáticos describen como cíclica y que como una espada se blande siempre sobre el mercado interno, la industria, los trabajadores, las mayorías populares.

Decían los Ingleses que era prudente correr la escalera por donde se habìa subido, pera que otros pueblos no recorrieran el mismo camino: esto es, ser la cuna de la Revolución Industrial, por contraposición a nuestra generación oligárquica: el "taller del mundo".

Decía Arturo Jauretche que entre la lana necesaria para hacer un traje (la que se llevaban de la Argentina, granero del mundo ) y el traje terminado (el que se fabricaba en Inglaterra,  taller del mundo), había una diferencia de 1 a 100. Uno para la lana, cien para el traje. Ese 1 era suficiente para los terratenientes, pero jamàs producirìa oportunidades para todos, hacìa falta que el 100 quedara acà. No fue.

Pero hubo un país que desobedecío a Inglaterra y le robó la escalera, ese fue Estados Unidos, aunque después adoptó su misma política y hoy nos dice al resto de América Latina, cuales son los senderos que nos convienen recorrer.
Estados Unidos labró su propio destino, sin vocación de peón en un imaginario tablero construido por Inglaterra, libró su guerra por la independencia y su guerra de secesión dejó en claro el modelo a seguir: un país industrial.

Y como ninguna nación capitalista se ha industrializado sin ayuda estatal, hicieron sus deberes, los mismos que Perón intentó en la Argentina con el IAPI, aunque en nuestro caso,  una oligarquía entreguista conspiró para terminar con ese proceso.

El estado siempre actuó para formatear las matrices de los países industriales, basta conocer la historia de Gran bretaña, Francia o Alemania para comprobarlo. Y lo hicieron no solamente para proteger la incipiente manufactura de sus competencias externas, sino que fue mas profundo, el estado estuvo allí cuando se dan los primeros pasos casi balbuceantes, cuando la industria dá pérdidas y sin dudarlo esos estados que después sacaron las escaleras, realizaron el traspaso de recursos desde el campo, las finanzas, el comercio, hacia la industria. Esos fueron los sacrificios realizados, impuestos por el estado, porque no nacieron de una voluntad bondadosa de sus industriales.

Allí estuvo el estado, cuando el balbuceo para convertirse en palabra, necesita de convicciones fuertes, clases dirigentes con pensamiento  nacional, ricos con vocación burguesa y no oligárquica,  y pueblos dispuestos a convertirse en mercados internos permanentes a través del acceso al trabajo y al consumo.

El futuro Argentino está aún en resolver esta contradicción, el "supermercado del mundo" lo intenta, tironeando el desarrollo económico en el sentido de una nación para pocos y lo hace desde una genuflexión tan vieja como cambiemos.