
En pocos días, más, el 26 de Julio, estaremos recordando la muerte de Eva Perón.
Para el pueblo “Evita”, para los enemigos del pueblo “la Eva” o el prejuicio directo: “esa cualquiera”.
Se estaba muriendo y alguien convirtió a su horrible y dolorosa enfermedad, ensañada en un cuerpo tan jóven en una consigna política, en una aberrante y odiosa consigna política. Una mierda.
Para el pueblo “Evita”, para los enemigos del pueblo “la Eva” o el prejuicio directo: “esa cualquiera”.
Se estaba muriendo y alguien convirtió a su horrible y dolorosa enfermedad, ensañada en un cuerpo tan jóven en una consigna política, en una aberrante y odiosa consigna política. Una mierda.
Durante estos días publicaré varias notas sobre ella, no para honrarla (no le hace falta), sino para encontrar en aquellos momentos, alguna enseñanza aplicable a los problemas presentes, alguna memoria que pueda oficiar de guía en el futuro.
Esta es la primera y la tomo del libro “Memorias del Fuego” de Eduardo Galeano. (Méjico, Siglo XXI. 1990).
Habla de "esa" consigna perversa. La elijo, porque el principio y el final del pequeño texto, no tienen desperdicio.
Dice así:
“¡Viva el cáncer¡, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actriz de melodramas baratos.
Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia.
Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos, desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo.
Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita, el presidente Perón es un cuchillo sin filo”
Dice así:
“¡Viva el cáncer¡, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actriz de melodramas baratos.
Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia.
Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos, desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo.
Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita, el presidente Perón es un cuchillo sin filo”
Comentarios
Ella sostenia, donde existe una necesidad nace un derecho.
Vaya nuestro homenaje a una de las mujeres mas importantes del siglo XX.
Qué polémica esta frase, no?
;)
En la tribu actual son todos antiperonistas, no los entiendo.
Tengo preferencia por los que menos tienen, no puedo decir que me identifico con un partido político, con algunas de sus ideas, tal vez.
De Evita no he leído casi nada, pero creo que debe haber sido una gran mujer; envidiable, posiblemente.
Rubén: Agregué un comentario a la entrada de mayo referente a lo que me preguntabas.
Un beso.