lunes, 16 de agosto de 2010

"EL LION NO PERDONA"














Desde el Oeste Arenoso en la Provincia de Buenos Aires hasta el Valle del Río Negro, cruzando la provincia de La Pampa, parte de su caldenal (únicos montes de ese tipo en el mundo) y adentrándose en la meseta patagónica, de arbustos achaparrados y espinosos.

Unos 600 km de viaje, donde casi 400 tienen estas últimas características, hasta que de pronto, desde "las bardas" que lo rodean, aparece General Roca, el epicentro del Alto Valle de exquisitas peras y manzanas de exportación, fortín emblemático en la "gloriosa Campaña al Desierto" del general llamado "Argentino".


Cuando uno cruza este "desierto", parte indisoluble de la extensa diagonál árida de la Argentina, se comprende la potencia del modelo Agroexportador cimentado durante la generación del 80 e intentado reciclar desde la última dictadura cívico-militar hasta el presente.


La Argentina "moderna" se estructuró sobre sus puertos, fundamentalmente el de Buenos Aires y sobre la base de la agroexportación, dejando al resto del país, librado a su suerte.

El "interior" que muchos visualizan como un todo homogéneo, es en realidad, una suma de regiones, de espacios naturalmente diferenciados, valorizados en distintos momentos históricos.


Así se ha tomado como "normal y natural" que el mayor desarrollo relativo y la mayor concentración de riqueza y poder se produzcan en la Pampa Húmeda , porque es allí donde las condicionantes naturales posibilitan una vida mas activa.

Es decir, casi todo el resto del país es árido y semiárido, como el desierto que describí y por lo tanto "condenado", aunque hay ejemplos mundiales que desmienten esta concepción tan alejada de las desiciones políticas.


La relación entre esta Pampa Húmeda y "el Interior" ha sido tomado como sana y en realidad es una relación enferma, en la que uno de los elementos ha crecido a expensas del otro y ha creado una relación altamente dependiente y extremadamente perjudicial para la nación como un todo.

Basta ver las enormes columnas que trasladan energía, o la bonita represa "Casa de Piedra" que embalsa al Río Colorado con el mismo fin.



Ezequiel Martinez Estrada, en su libro "La Cabeza de Goliat" trata de recalcar la importancia de conocer las causas del estancamiento de estas regiones diciendo: "..en vez de preguntarse como hasta ahora por qué ha crecido fenomenalmente su cabeza de virreina, debemos preguntarnos por qué el cuerpo ha quedado exánime. Empezamos a darnos cuenta que no era la cabeza demasiado grande, sino el cuerpo entero mal nutrido y peor desarrollado. La cabeza cupaba la sangre del cuerpo"


No intento con estas apreciaciones avalar las lógicas "Mesaenlacistas" de una defensa hipócrita del interior, porque también debemos reconocer, que Buenos Aires como cabeza de la Pampa Húmeda, alberga en sus cordones periféricos, los bolsones de pobreza mas dolientes de nuestro país.
Simplemente hablo de lo que sentí en estos días: hasta Miguel Riglos en La Pampa es Pampa Húmeda, luego aparece el Caldenal hasta General Acha y unos kilómetros mas adelante "el desierto" de alpatacos, olivillos y jarillas y en las orillas de esos campos ásperos, donde los dueños privados hacen buenos negocios con vacas de cría con poca carga animal por hectárea y pariciones seguras, algunos peoncitos "chiveros", con sus cabritas que deben encerrar "por el puma...vio don...es que el lión no perdona".


Por su parte, el Parque "Liuhel Calel" muestra guanacos, ñandúes y liebres maras, los verdaderos autóctonos, todos protegidos. Los hombres y mujeres humildes de la región, no tienen parque protector y las cuevas de las manos que se pueden observar en su fondo de vertientes dulces, dan cuenta del destino de los pueblos originarios.
Los paisanos del lugar, en ranchitos de adobe y un ford falcon que gasta 1litro 200 por legua, ven pasar las columnas de alta tensión mientras ellos se proveen de una pantallita solar para garantizar las actividades nocturnas básicas.



Y una vez en General Roca, otra vez el oasis que cada vez aparece menos regional, cada vez mas parecido a las capitales (aunque no lo sea) de cualquier provincia, con enormes supermercados, especies de "no lugares", sin identidad ni historia ni sentimientos que vinculen a los pobladores con el "exitoso emprendimiento".


Pero allí están, como haciendo visible en forma brutal, una sociedad a dos velocidades, los que creen que la vida se puede comprar en un supermercado y los que pueden tener una mirada mas crítica, especialmente después de cruzar un desierto construido socialmente.