jueves, 14 de enero de 2010

HAITI: AZUCAR AMARGO

















El dolor por el terremoto en Haití es compartido por toda América Latina como si fuera propio. Hay en estos pueblos una pertenencia al subcontinente mas desigual de la tierra, algo que une y articula en la historia y en el presente.
Duele ver las imágenes de una nación pobre sometida a un desastre natural, pero que sin duda cobró más víctimas por su situación política, económica y social construida en el tiempo.

Este terremoto-en tanto desastre natural- parece un hecho nuevo para la empobrecida HAITI, pero en realidad, los sismos políticos y sociales históricos, han producido mas injusticia, mas dolor y mas muerte que las que hoy cobra todas juntas el movimiento de la tierra.
Nadie mejor que Eduardo Galeano y su clásico “Las Venas Abiertas de América Latina(1970) para referirse a esta situación, buceada en los comienzos de nuestro subcontinente sometido a la voracidad de Europa y su naciente capitalismo.

Comparto con los lectores algunos textos de ese libro, todos del capítulo “EL REY AZUCAR Y OTROS MONARCAS AGRICOLAS”, precisamente allí donde la HAITI construida por los intereses minoritarios , presagia la devastación de las mayorías del presente. Con o sin terremoto.


- “ La búsqueda del oro y de la plata fue, sin duda, el motor central de la conquista. Pero en su segundo viaje, Cristóbal Colón, trajo las primeras ra´cies de caña de azucar, desde las Islas Canarias, y las plantó en las tierras que hoy ocupa la República Dominicana. Una vez sembradas, dieron rápidos retoños para gran regocijo del almirante. El azúcar, que se cultivaba en pequeña escala en Sicilia y en las islas Madeira y Cabo Verde se compraba, a precios altos, en Oriente, era un artículo tan codiciado por los europeos que hasta en los ajuares de las reinas llegó a figurar como parte de la dote. Se vendía en las farmacias, se lo pesaba por gramos. Durante poco menos de tres siglos a partir del descubrimiento de América, no hubo, para el comercio de Europa, producto agrícola mas importante que el azúcar cultivado en estas tierras. Se alzaron los cañaverales en el litoral húmedo y caliente del nordeste de Brasil y, posteriormente, también las islas del Caribe-Barbados, Jamaica, HAITI y la Dominicana, Guadalupe, Cuba, Puerto Rico- y Veracruz en la costa peruana resultaron sucesivos escenarios propicios para la explotación del ‘oro blando’. Inmensas legiones de esclavos vinieron de Africa para proporcionar, al rey azúcar, la fuerza del trabajo numerosa y gratuita que exigía: combustible humano para quemar. Las tierras fueron devastadas por esta planta egoísta que invadió el Nuevo Mundo arrasando los bosques, malgastando la fertilidad natural y extinguiendo el humus acumulado por los suelos”.



- “Al integrarse al mercado mundial, cada área conoció un ciclo dinámico; luego, por la competencia de otros productos sustitutivos, por el agotamiento de la tierra o por la aparición de otras zonas con mejores condiciones, sobrevino la decadencia. La cultura de la pobreza, la economía de subsistencia y el letargo son los precios que cobra, con el transcurso de los años, el impulso productivo original.
El nordeste era la zona más rica de brasil y hoy es la más pobre; en Barbados y HAITI habitan hormigueros humanos condenados a la miseria; el azúcar se convirtió en la llave maestra del dominio de Cuba por los Estados Unidos, al precio del monocultivo y del empobrecimiento implacable del suelo. No sólo el azúcar. Esta es también la historia del cacao, que alumbró la fortuna de la oligarquía de Caracas; del algodón de Maranhao, de súbito esplendor y súbita caída; de las plantaciones de caucho en el Amazonas, convertidas en cementerios para los obreros nordestitos reclutados a cambio de moneditas; de los arrasados bosques de quebracho del norte argentino y del Paraguay. Con mejor o peor suerte, cada producto se ha ido convirtiendo en un destino, muchas veces fugaz, para los países, las regiones y los hombres. El mismo itinerario han seguido, por cierto, las zonas productoras de riquezas minerales. Cuanto más codiciado por el mercado mundial, mayor es la desgracia que un producto trae consigo al pueblo latinoamericano, que con su sacrificio lo crea.



- “Convertido en asalariado, el campesino que antes cultivaba su pequeña parcela no mejoró con la nueva situación, pues no gana suficiente dinero para comprar los alimentos que antes producía. Como de costumbre, la expansión, expandió el hambre. Las Antillas eran las Sugar Islands, las islas del azúcar: sucesivamente incorporadas al mercado mundial como productoras de azúcar, al azúcar quedaron condenadas hasta nuestros días, Barbados, las islas de Sotavento, Trinidad Tobago, la Guadalupe, Puerto Rico, Santo Domingo y HAITI.
Prisioneras del monocultivo de la caña en los latifundios de vastas tierras exhaustas, las islas padecen la desocupación y la pobreza: el azúcar se cultiva en gran escala y en gran escala irradia sus maldiciones”




El azúcar que no endulzó la vida del pueblo y que enriqueció a los terratenientes, la tierra desgastada y humillada a mas no poder, la vida amarga de la esclavitud que no se ha detenido aún, y hoy, como una bofetada innecesaria, el trago amargo de los mas de 100.000 muertos que son nuestros hermanos.