lunes, 16 de marzo de 2009

CENTENARIO Y BICENTENARIO: "UN ALAMBRADO DE DISTANCIA"









Releo partes del libro “Historia del Alambrado en la Argentina” de Noel H.Sbarra, publicado en 1964. Me detengo en el Capìtulo 16, que comienza asì: “En medio de esta fiebre por alambrar se cometen excesos: se cierran caminos o no se dejan tranqueras o son èstas ‘llave muerta’, obligando al transeúnte a dar largos rodeos." Aparecen algunos testimonios recogidos por el autor: "el señor Uribelarrea recibe màs maldiciones que saludos en el pueblo’ pues no permite el paso por sus campos", y añade "su alambrado aparece a menudo hecho pedazos porque el transeúnte en circunstancias desesperadas, pasa, porque necesita pasar"


Pero siempre aparece la resistencia: “Por supuesto que hubo quienes, heridos en su sentimiento de libertad, ‘por ese abuso de ricos pelechados’ no vacilaron ante el obstáculo que les obstruìa el paso en aflojar y manear los tres primeros hilos de alambre con una ‘canilla’ de vaca, que siempre se encuentra a mano, haciendo saltar luego al caballo, ya baquiano”


El alambrado representò una barrera que complicò el libre andar por el campo, aunque su verdadera solidez se obtuvo recièn con el alambre de puas, ya que sus bravas “rosetas” impondràn respeto a los animales…y a los hombres (especialmente a los hombres).
Aunque en un principio resistido porque rasgaba o rayaba los cueros de la hacienda, se terminarìa por ver que pese a todo, eran mayores los beneficios, porque a los animales les quitaba el habito de restregarse contra ellos, aflojando toda la lìnea.

Segùn càlculos de la época, a principios del siglo XX y cercano al Centenario de la Patria, los metros de alambrado en la Argentina, equivalìan aproximadamente a la distancia a la luna (unos 405.400 km) y fue con ellos que las viejas estancias de divisiones precarias (fosos o cercos de espinas) se convirtieron en tierras de “pan llevar” , se mejoraron las pasturas posibilitando que se refinaron los toscos animales criollos merced al cruzamiento con toros Ingleses.


Cambiaron tambièn las modalidades de las faenas rurales y hasta las costumbres, ya no habrìa “rondas nocturnas” para cuidar el ganado y se terminaron las “boleadas” de ñandúes y guanacos. Se puede decir que el alambrado no alambrò solo el territorio, sino el alma del gaucho, la misma pampa fue “domesticada” por el hilo de metal , la llanura sin lìmites quedò encorsetada en la jaula brillante de los alambrados, ya no se podia viajar “a campo traviesa” , sino por los caminos, la mayoria de las veces trazados a capricho por el dueño de la estancia.


Esto queda reflejado "coloridamente" en la obra “Las víboras”, un boceto dramàtico de Rodolfo Gonzàlez Pacheco que se estreno en la dècada del 10 por la compañía Muiño-Alipi: allì don Irineo, un viejo paisano de espìritu libertario no quiere obedecer la orden del patron de “levantar alambrado”, es mas prefiere irse antes que hacerlo y lo hace con esta frase que en el teatro retumbaba fuerte: “¡Si muchacho, sì¡ ¡Los alambres son las rejas de la pampa¡”

Y las costumbres que van cambiando se ven hasta en la ropa. Un citadino que visita el campo le pregunta al capataz que lo recibe sombrero en mano: “Por que no usa el chiripa”.
Y el capataz responde con mansedumbre, casi doblegado : “Sabìa llevarlo hasta hace poco señor, pero ya no se puede…no lo permite la pua…”
Un alambre, un hilo, UN HILO, bastò para cambiar de muda para siempre. Allì apareciò la bombacha de campo, copiada del pueblo àrabe.

Hoy a 14 meses del Bicentenario, està pasando lo contrario, hoy se desalambra en muchas regiones del paìs, pero no con el criterio ideològico del “A desalambrar, a desalambrar” clàsico, sino con un criterio econòmico: ya no hace falta porque se hace agricultura-no hay animales que retener- y ademàs el alambrado dificulta el trabajo de la gran maquinaria de los pooles . En muchas zonas del paìs desde hace dècadas no hay alambrados, porque la pulseada la ganò la agricultura y dentro de ella la ganò la soja. Y junto con el alambrado se van los molinos, los corrales, las mangas, las aguadas con sus bebederos y cañerìas, y tambièn se va la gente, las casas se convierten en taperas y florece el “desierto verde”.


Y si el gaucho del Centenario, tenìa la tristeza de un “bicho enjaulado” por el alambre, el peon de ahora , tiene la tristeza de ver como su estadìa en el medio rural, su trabajo, mas que nunca “pende de un hilo” (de "ese" hilo) , esto es literal, depende de que el alambrado se mantenga, como un símbolo que representarà una nueva oportunidad para que LA DIVERSIDAD Y NO EL MONOCULTIVO siga siendo el eje de nuestras producciones.


En el Centenario mandaba el “alambrado”, cuando una oligarquía ostentaba su poder ante el mundo, convirtiendose en su “granero”.
En el Bicentenario manda la “soja” que parece no precisar ni del alambrado, ni de los trabajadores rurales. Paradojas de la historia... y del alambre.

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